Mi recuerdo favorito de la convertibilidad se trata de aquellos Sábados soleados en los que mi padre llegaba de obrar y me brindaba ese Peso que me daba acceso a una infinidad de néctares de infancia, tales como; Cucuruchos de Vainilla y Dulce de Leche Granizado, Alfajores de tres capas, Docenas de chicles Bazooka sabor Banana Pisada.
Los demás recuerdos son bazofias.
viernes, 30 de noviembre de 2012
domingo, 18 de noviembre de 2012
El Asustado
El asustado
El asustado no quiere salir de su hogar. Entiende a la tierra como un hábitat involuntario, como una ruta de trampas mortales. Su entorno se achica con el transcurrir del tiempo, se siente protegido en su hogar, un pequeño departamento de dos ambientes.
Un circulo vicioso. Una pena que gira en la esquina y vuelve a su lugar.
Ya no mira los ojos de las gentes. Ya no ve. Todo le resulta extraño. Solo Come y duerme. El asustado no vive asustado, según él solo está alerta; Todas las amenazas perceptibles deben ser neutralizadas.
Es que en su mundo, cualquier objeto es una potencial amenaza a su integridad. Siempre alerta, al dar un paso o dos. Alerta ante la oscuridad. El asustado no piensa en lo plácido, en su cabeza solamente hay lugar para percatar el peligro. Peligro que cambia de formas. A veces toma la figura de un vecino que pasa por la vereda de enfrente, o de otro que se está subiendo al auto rojo su automóvil, o del niño que colgó su pelota en un terreno lindante. Todas formas que aparentan docilidad.
Pero él es mas astuto. Sabe que no puede darse el lujo de dejarse engañar por las formas. El espera. Sabe que no tarda en llegar su momento culmine , momento del cual depende su integridad y hasta, pensándolo mejor, su existencia.
Pesa la existencia. Para él es un yunque amarrado a su cintura.
Y vuelve a asomarse a su ventana.
Está atardeciendo y su calle parece tranquila.
Hoy la vieja despensa no abrió. Su persiana estuvo abajo desde la primera mañana, lo cual llama su atención, aunque los motivos no lo desesperan. Lejos está de inmiscuirse en los asuntos del vecindario.
El asustado vive solo. Es que dos personas en un departamento no caben, o más bien caben pero no caben. Cabrán sus cuerpos, físicamente podría ser plausible, pero nunca cabrían sus almas. Y eso para él no es materia de debate.
Transformó su cuarto en su guarida. Ya no es necesario salir del espacio que se halla entre esos muros. Para qué? ; El asbesto será la base de su independencia. Independencia de la especie que merodea por su vecindario,una insignificante parte de aquella cuasi-inconmensurable, que paulatinamente fomentó este fastuoso circo de cemento.
La luz no debería entrometerse en su lugar. El querría encerrarse, amurallar todas los extremos de su espacio. Pero no es necio. sabe que es necesario observar el panorama para detectar un inminente ataque. Ya no se sentía seguro explanándose en los otros ambientes de su hogar.
Es que el siniestro podría llegar en forma de proyectil atravesando los vidrios, o podría golpear la puerta de su casa. Quién sabe lo que estarán planeando para interrumpir su seguridad. Nada lo ha de sorprender.
Su cuarto no le roba mucha dimensión al terreno. De todos los ambientes de la casa, es el más pequeño. Sin embargo esto no lo perturba porque ha sabido, en su época de Alienado, como le gusta llamarla, ganarse el sustento y también algunas comodidades que complementan esa escasa dimensión.
Una radio Spika, una cama con sommiere, un ventilador roto. Un cuadro de Eva como adorno. Un placard de algarrobo antigua víctima del paso del tiempo y la humedad, pero que bastaba para guardar los desparpajos y sus humildes vestimentas provenientes del ejercito de salvación.
La semana transcurre con normalidad. La despensa volvió a abrir, lo que le recuerda que sus provisiones se están desguazando. Tal vez debió abastecerse mejor antes de salvaguardarse. Pronto el invierno lo cubrirá con su temple siniestro. Ese será un reto que deberá superar si quiere llevar a cabo la supervivencia "...Objetivo primario del ser humano, meta última de la bestia inteligible".
Al asustado le gusta sobreponerse a la condición humana. El piensa que no es de la tierra, que su madre más de una vez a mostrado indicios de una sólida naturaleza interplanetaria. Pasó muchas tardes embebido en sus VHS de Invasión Extraterrestre pero nunca pudo ver el desenlace de la historia, motivo de frustración frente al recuerdo de aquellos recreos. Su gran deseo es librarse de su amenaza, para lograr culminar con esa serie que cuenta, convencido está, parte de su designio, su origen primero, su matriz.
La vigilancia diurna se vuelve rutina, parte de su estrategia se fundamenta en observar los movimientos del enemigo. Algunas de las novelas bélicas que leyó en su adolescencia lo instruyeron para esta defensa. Toma como principio elemental al cálculo, intentando establecer patrones corrientes a todas las amenazas.
Esta tarde hay muchos de ellos merodeando en su calle. La acera comienza a quedar angosta, toda la comunidad se abarrota en la despensa. Un movimiento sin antecedentes, un evento realmente extraño. La curiosidad por entender el motivo de tal escena lo incomoda, pretende no alterarse pero en su recóndita intimidad se perturba. Su vigilancia debe extremarse, algo perdió de vista, es necesario descansar la mente y el cuerpo, pero no a costa de su seguridad.
Ya pasaron varios días desde aquel evento. La tranquilidad lo exaspera. Sus sentidos se ponderan, sus instintos lo rebasan. Los margenes engrosados de niebla que se apegan al cemento le impiden observar el fulgor de la vereda, y esto lo exaspera aún más.
Nadie parece haber salido de su hogar, tesitura de extrañeza teniendo en cuenta que es un día hábil. El mundo debería estar rotando, los alienados siguiendo sus rumbos inexactos.
La calle es un páramo de asfalto, la desolación perpetuando el sinsentido diario. Un misterio ineludible. Un paisaje tan ideal como desconcertante para el asustado. Es esta clase de instantes en los que no debe bajar la guardia. Su vigilancia seguirá firme, algo está por suceder. Ese algo que rubricará su historia. Como la de todos. Un ápice que complete su derrotero.
Matías.
Texto inspirado en la canción "Staráful"(Un Elfo Mirando) de Sigur Ros.
A mis ataques de pánico, que de tanto en tanto vienen a saludar.
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