El secreto es darle mecha a la vida.
| Por Paulo Coelho |
Hoy te propongo que imaginemos.
Imaginate que estás en una cárcel, en Iraq. Cuarenticinco Grados a la sombra todos los putos días.
Sos un Argentino Musulmán, trabajaste a sueldo para la CIA durante el final de Guerra Fría, pero cuando el verso del comunismo se acabó, no te quedó otra que cambiar de rubro. Y de bando, porque tus santos líderes se dieron cuenta que al final los Yanquies no eran tan amigos como pensaron desde un principio. O eran unos amigos un poco interesados, pequeño defecto que pueden tener los amigos de vez en cuando.
En fin, desde hace un tiempo te dedicas a hacer estallar bombas en la puerta de alguna que otra embajada, o a secuestrar aviones en vuelo.
De buenas a primeras, y sin darte lugar ni a imaginarlo, los gringos te atraparon y te metieron en una camioneta.
Claro, lo primero que pensaste fué en tomar la pastilla, pero justo ese día te la olvidaste adentro del cajón de las medias. Sabías que esto podía pasar en cualquier momento, pero como siempre, colgaste.
Tu futuro estaba escrito; Trabajos agobiantes y bastante menos copados de lo que parecen, como picar piedras todo el día, piedras que solo se van a usar para construir los edificios en los cuales van rosquear las empresas que se dedican a chorear petroleo de estos países. Países que por suerte ahora son libres. O liberales, no importa tanto la diferencia.
"...Claro, lo primero que pensaste fué en tomar la pastilla, pero justo ese día te la olvidaste adentro del cajón de las medias..."La presencia femenina es muy escasa, por lo que tener contacto con el sexo opuesto es más complicado que el otrora presidente, Jorgito Bush en la fiesta interanual de las Panteras Negras.
Te escupen en la cara si es que directamente no te la mean; Se te cagan de la risa por tu insistencia en agacharte a rezar cada media hora; Te torturan de tanto en tanto para que digas lo que sabés, si es que sabés algo, sin importar si te alcanza la sangre de adentro para que tus órganos sigan andando. Imaginate pasar días de esa manera.
Imaginate pasar Semanas.
Ahora imaginate pasar de forma ininterrumpida unos cuantos meses bajo estas condiciones.
Tenés suerte si podés rescatar una comida que no sea puré de barro entremezclado con pollo sin cocinar. El agua que, por cierto escasea, tiene un gusto raro. No parece que la sacaran de un bidón, ni que provenga de las Islas Fiji.
Seguí imaginando.
Tu colchón de supermercado es un Luis XV al lado de la feta de fiambre en la que tenés que tratar de dormitar. Lográs descansar, siempre y cuando la siesta sea con un ojo cerrado y el otro abierto, frente a la ansiedad de tus compañeros de celda por tener algo de intimidad con alguna cosa que se sostenga sobre menos de 5 patas y se movilice de manera autónoma.
Un día, en la oscuridad de la noche, lograste escapar. Un guardia se quedó dormido por la cantidad de alcohol en sangre, porque el agua no pega de esa forma.
Sigilosamente, lograste salir junto algunos de tus cohabitantes sin despertar al vigilante, y se deshicieron de los tres que guardaban la salida. Poco creible para un relato, pero sorprendentemente lo lograron.
Seguís avanzando.
Es de noche, y aunque durante el día tus zapatillas remendadas se pegaban al suelo, ahora te preguntás por qué carajo no se te ocurrió traer una campera. El miedo y las ganas de vivir genera una metamorfósis interna, conviertiéndote en la cruza de una Gacela y Usain Bolt, lo que hace que zafes por el momento del frío mata gorilas. Aunque descubrís con asombro y algo de pesadumbre que en el desierto no hay gorilas, pese a lo que en tu infancia habías aprendido de la revista Anteojito.
Corriste tanto, que de buenas a primeras te perdiste en el desierto. Y se viene el día. No te importa adónde, pero querés llegar. Empezás a entender la marcha lenta de los Camellos que hasta ese momento te habían generado más de una puteada. El agua se te acabó, y el estómago hace el ruido de un motor sin aceite.
Ya pasó casi un día y el suicidio por ingesta de arena no parece tan mala alternativa. Sos humano, y cargás con una máquina que necesita descanso para seguir funcionando, por lo que decidís desmayarte en la ardiente arena, como sin pensarlo.
Increiblemente te despertás, luego de un parate instantáneo. Para tu sorpresa, podés dilucidar algo a lo lejos. No sabés bien qué es, pero encarás igual para ese lado. Las consecuencias no son mensurables en este tipo de situaciones.
Te vas lentamente acercando.
Ves una puerta. Una puerta, de madera, con marco y todo, como las que tendría cualquiera en su casa. No entendés una goma, pero nunca te importó tan poco no entender. Está ahí, ante la inmensidad del desierto, sólo para vos. No tenés otra opción que abrirla.
Giras el picaporte. Blandito, como esperando ansioso a que alguien lo manosee.
No lo podés creer.
"...El miedo(...)genera una metamorfósis interna, convirtiéndote en la cruza de una Gacela y Usaín Bolt...."No sabés cómo, pero del otro lado de la puerta, donde tendría que haber más arena, mas sed, mas calor, está la entrada a un Hotel Spa. Sí, imagen trillada. Pero ahí está. Diez tipos vestidos de service, solo para atenderte a vos. Pileta, reposeras, Champagne, un menú variado y refinado. Uno de los mozos te pregunta si vas a querer la cena en el cuarto o preferís comer junto a la pileta...Lo demás queda sujeto al criterio que tengas sobre el placer, sería al pedo que me ponga como tantas otras veces a enumerar detalles para rellenar la historia.
Ahora, imaginate esa sensación, pero sacale toda la historia, y transportala al lugar que conozcas, algún escenario de tu vida cotidiana, el que más te plazca.
Esa felicidad, y algunas cosas más, genera el famoso Faso.
Si, ya sé, creés que estoy exagerando. Toda esta historia para terminar en una burda exageración.
Puede ser que a veces me entusiasme un poco, pero creeme que en la cárcel del hastío, el desierto de lo ordinario y la sequía de inspiración, la mota o hierba puede ser esa puerta de madera al Spa Resort de tu inconsciente, para que tu imaginación te trasporte adónde vos te sientas mejor atendido.
Los colores extrañamente parecen más intensos, las texturas son graciosas, el aire tiene ruido, o eso pareciera, y ese tipo de la tele no era tan imbécil como vos creías. Incluso hasta te cae bien. Tu cuerpo entiende en varios niveles el concepto de relax.
Pero, cuidado, amigo mío.
| El símbolo de la luz interior, aquello que me inspira. |
Depende de vos caminar ese desierto, para llegar a destino. Un destino que nadie conoce, pero que todos buscamos. Un destino que sea cual sea, será tu hogar, porque será el que vos elegiste encontrar.
Esta hierba divina, solo es el espejismo que te dá respiro, y te llena de energías para enfrentar el reto de escapar del opresor.
Si te detenés frente a la puerta todo el tiempo, tanto más vas a tardar en ser libre. Por eso es necesario mantenerse alerta, generar un balance.
Sin embargo, mi amigo, mantente sereno, porque durante ese larga caminata por el desierto, sobrarán los momentos en que podrás parar a descansar y admirar el esplendoroso paisaje.
Atte. Paulo Coelho, Paulito para los amigos.
PD: Esta sátira no pretende ofender la sensibilidad de ningún lector, solo pretende reflejar humildemente como cualquier temática en combinación con una historia y algunos elementos literarios, pueden dar como resultado un relato pretencioso y con aires de profundidad. La moraleja puede ser vacía pero aparenta autenticidad simplemente porque le brinda al lector lo que éste busca: Algo no demasiado complejo, que tienda hacia la autocompasión y reflexiones carentes de realidad. Pretende resolver problemas existenciales haciendo paralelismos absurdos o utilizando el viejo recurso del Sofismo. Para terminar mi teoría, tengo que aclarar que este artículo lo hice en una noche de desvelo(de esas que abundan cuando estás desempleado) y está literalmente improvisado.
Matías.
